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El idioma ya no es una barrera, ¡Gracias Bécalos English Challenge!

Después de dedicar la mayoría de mis tardes al Bécalos English Challenge durante varios meses, no me quedaba más que esperar con ansias los resultados, la lista final de becarios que podrían vivir una experiencia all-inclusive en Canadá.

Por varios días revisé mi bandeja de entrada una y otra vez, esperando algún mail de Bécalos English Challenge. Cuando por fin recibí un correo con las líneas “¡MUCHAS FELICIDADES!”, simplemente no lo podía creer. Tuve que releerlo varias veces y verificar otras tantas que, efectivamente, uno de los números de identificación que figuraban en la lista de aceptados era el mío; después le pedí a mi hermana que lo revisara todo de nuevo porque ¡Me parecía demasiado bueno como para ser cierto!

Después de recibir los abrazos de felicitación de toda la familia y sosegarme un poco, pude dedicarme a soñar, a imaginar ¿cómo serían las personas, las casas, el clima, la comida y hasta los perros en Canadá? Tenía cierta idea general de cómo era este país, pero una vez estando aquí me ha dado una grata sorpresa en muchos sentidos, es un lugar increíble.

Lo que más me ha asombrado es la gran tolerancia y respeto que existe. Montreal es una ciudad tan multicultural que tan sólo al subir al metro escucho un sinfín de idiomas, observo muchísimas formas diferentes de vestir y de colores de piel. Siento que aquí la gente es libre de ser diferente, de mostrar su individualidad sin temor a ser atacados. Al caminar por las calles veo gente haciendo cosas “extrañas” por doquier, y eso es fascinante ¡Un montón de culturas en un mismo lugar!

Por supuesto que también ha habido retos: siendo una ciudad tan diferente a la mía me ha tomado tiempo acostumbrarme a ella. En mi caso lo más difícil fue entender el sistema de transporte; para empezar, en mi ciudad no hay metro, ¡Y aquí debo utilizarlo todos los días!

Google Maps me ha salvado en más de una ocasión de perderme en la ciudad, sin embargo, a veces no funciona muy bien y veo cómo el autobús comienza a irse por una ruta diferente a la que marca Google, y entonces me acerco corriendo al chofer y trato de averiguar si efectivamente va a donde yo pensé que iba o si me equivoqué de camión, todo mientras el carro sigue su ruta, alejándose de la mía. Los choferes me responden algo apurados, con una mezcla de inglés y francés que es un poco difícil de entender, pero finalmente lo logro y toco corriendo el botón para pedir la bajada, antes de que me desvié más. Por supuesto que el inglés funciona, y hablarlo rápido también.

Eso me lleva a otro tema: aprender inglés en un salón de clases es muy diferente a hablarlo en el mundo real. Bécalos English Challenge me ha dado la oportunidad de experimentar lo que es estar en un país anglófono, tener contacto con gente de todo el mundo y tratar de entender sus acentos y palabras locales (una misión que a veces se torna complicada pero divertida).

Gracias al inglés durante éstas semanas he podido conocer gente de todo el mundo, que me ha hablado sobre sus puntos de vista, sus países y su historia; me han permitido entender más sobre sus culturas que todos los videos de viajeros que he visto en YouTube. Creo que eso es lo más bonito del inglés, que el idioma ya no es una barrera para aprender sobre el mundo que te rodea.

Aún me quedan dos semanas de estudios aquí en Montreal y muero de curiosidad por saber lo que me deparan estas semanas de aventuras. Sólo espero no perderme de nuevo en los camiones, después de un rato deja de ser divertido. Mea culpa, soy súper distraída.